martes, 12 de mayo de 2015

Pommery

Estuvo mal haber tomado por asalto el micrófono en la fiesta por las bodas de oro de tus viejos: No debí haber golpeado al animador -un gordito con moño y correctísimo traje de alquiler color escarlata- y, por sobre todas las cosas, no debí haber invitado a todos los refinados comensales "a mover la burra en la pista de baile". Me hago cargo, sin justificativos. Una lástima el pico de presión que sufrió tu abuela; me alegra saber que tiene una prepaga cumplidora. No fue oportuna mi arenga, juro que no buscaba dejar atónita a toda la mesa del Jockey Club de Mónaco ni a la mujer del embajador francés, madame Figareu D'Artois, que ante mi desafortunada declaración, exclamó encantada y con el mas torpe acento español: ¡Ay! ¡Pero qué maravilla! ¿También les han obsequiado una burra?, buscando por todos lados y encontrando solo a la yegua de polo que muy gentilmente regalaron los reyes de Gales Meridional a los anfitriones. Me vi obligado a hacerlo: nunca jamás había tenido la oportunidad de hablarle a ochocientas personas a la vez (y por altoparlantes). Podrás decir que no hacía falta que subiera al escenario con una botella de Pommery entre mis brazos -así como acunada, como si fuese un recién nacido a quien es menester cuidar con amor y devoción etílica-, pero así me encontraba y así sentí subir. Fue un impulso. Un instante inspirador. Me alegra que para vos también haya sido una fiesta inolvidable.-
.
.
imagen extraída de aquí.-

miércoles, 29 de abril de 2015

Rumania

El cuerpo astral viaja o eso dirá ella: no sentís el peso de los pies porque cada tanto, si te relajás, el cuerpo astral viaja, flota, pasea, vuela, escapa de tu interior. Si acaso existiera, imaginaría al cuerpo astral como un soplo de talco, un montón de aire denso, apelmazado y sin sombra. El cuerpo astral no tiene sabor. Evita el desodorante. Es luz. Nadie jamás lo vio pero eso dicen, que es el aura o algo así. Si pudieras viajar al instante a cualquier parte del mundo durante una noche, ¿a dónde irías? Me pregunta y quiero decir al cuarto de tu hermana pero digo que a Rumania. ¿Qué hay en Rumania que tanto te interesa? No sé. Rumanos, supongo. No sé qué habrá de interesante en el futuro que vos estás tan interesada en ir hacia allá, si después de todo, es lo único que llega sin que nadie haga ningún esfuerzo y eso no puede ser muy bueno.-
.
.
imagen extraída de aquí.-

miércoles, 8 de abril de 2015

soez

Te vi en un video: no precisamente de un cumpleaños -aunque bien podría ser una fiesta-, y aunque en la filmación se te veía feliz, desenvuelta y desnuda, no creo que te ponga muy contenta que esas imágenes hayan llegado a lo más profundo de las memorias celulares y a lo más soez de las charlas de bar. Sé que tu sueño era ser actriz, alcanzar la fama y el reconocimiento público, pero no recuerdo que esta haya sido tu idea de triunfo. Cuando vi el video -porque tuve que verlo: alguien me comentó que tu silueta encendía las redes sociales y debí carearme con el material prohibido, suerte de ronda de reconocimiento en la que la víctima compungida identifica a un victimario vencido- debí aceptar que eras vos: retengo el mapa de tus lunares faciales y cierto afecto por las vacaciones compartidas en concubinato. Ahí estabas, en inusual postura indecorosa, sin pudor ni ropa ni palabras que honren tu membresía apócrifa del Jockey Club de Mónaco. En la filmación, el único retazo de tela a la vista es una vincha que sostiene tu cabello negro. Era una bella vincha, de color rojo con detalles en dorado. La compramos en Madrid, un día en que estábamos peleados y te hice un regalo para que volviéramos a hablar. Me gustaba cómo te quedaba esa vincha. Ya no sé si podremos viajar juntos otra vez.-
.
.
imagen extraída de aquí.-

martes, 24 de marzo de 2015

Candy Crush

Doy vueltas alrededor del Parque Chacabuco: lunes, miércoles y viernes, de 20 a 20.30 horas, en trote constante y sin pausas. Treinta minutos de silencio y humillación deportiva, rodeado de oficinistas obesos que libran sus cruzadas perdidas de antemano contra los triglicéridos altos y de turgentes adolescentes que se fotografían en ropa interior luego de haber transpirado metódicamente con sus calzas color fucsia, pelo atado bien tirante y celulares más inteligentes que mis sobrinos más inteligentes. Corro porque tengo 53 años y estoy casado. Lo hago con una remera de Crucis gastada, un pantalón Nike heredado, medias blancas hasta las rodillas y unas zapatillas deportivas que me regaló mi mujer cuando gané un torneo de padel para veteranos. En realidad salí segundo, pero le dije que había ganado porque me dieron un trofeo. Salgo a correr, pero cuando alguien me pregunta si a mi edad hago actividad física, digo que entreno, porque suena más elegante. Corro por la violencia en Siria, los alimentos transgénicos y porque Luquitas se llevó cuatro materias y para qué carajo le pagamos el colegio privado a este pibe, Silvia, si se la pasa en la compu jugando al Candy Crush. Corro porque el tiempo va en círculos y hacia adelante. Troto y transpiro con olor a colonia barata y la gente advierte mis aureolas adheridas, el pelo revuelto y el cansancio en los ojos siempre puestos al frente. Corro porque dejé a mi novia de los veinte años, y ya pasaron más de veninticinco y a veces me pregunto qué habrá pasado con ella. Treinta minutos de paz y sudor, un sacrificio casi religioso, de tribu perversa, para volver a casa y comer en soledad una milanesa con papas fritas a caballo mientras miro la repetición de un programa de Tinelli. Corro y termino en la misma baldosa en la que comencé a correr.-
.
.
imagen extraída de aquí.-

miércoles, 18 de marzo de 2015

cósmica

No deberíamos volver a cruzarnos: había quedado claro en la última y fatídica charla que mantuvimos hace unos años, mirando el espejo en el techo de un albergue transitorio que nos había recomendado la profesora de yoga de tu papá, pero subestimamos al azar y las casualidades y no hubo forma de esquivarse. Error mediante, sería bueno establecer algún cronograma horario, acordar fiestas a las que no asistir y rutas paralelas por las que andar sin ser abordado por el pánico a otro inesperado encuentro. La Avenida Córdoba es mía, podés quedarte con Santa Fe: sé de tu gusto por las vidrieras adolescentes y la indecisión de las calles doble mano. Ni pienses en la línea A. Te cedo todos los colectivos que van para Retiro, Morón y Caballito. Prometo no transitar por Villa Urquiza, Saavedra y Palermo Soho. Dame Recoleta, Parque Patricios y Flores. De Juramento para allá, es tuyo. Te dolerá no adueñarte de Congreso, pero no voy a privarme de ciertos restaurantes que conocés gracias a mí. En compensación, me excusaré con inexistentes viajes de trabajo para no asistir a ningún cumpleaños en terreno disputado. Las próximas vacaciones las pasaré en el Sur: tomá nota. No iré a ninguna obra de teatro cuyo título comience con una vocal o consonante que figure en tu nombre. Los dos necesitamos la Avenida Corrientes: me mantendré en la vereda par. Si acaso no resultare suficiente esta guía práctica para mantener la paz cósmica y ambos -sin querer- coincidiéramos en el mismo metro cuadrado, evitemos los saludos protocolares y las charlas de ascensor en plena vía púbica: prefiero ahorrarme cualquier rosario de preguntas estúpidas antes de ir a dormir.-
.
.
imagen extraída de aquí.-

martes, 25 de noviembre de 2014

Perogrullo

Nos gusta la belleza inofensiva, la que no abruma, belleza discreta, sin violencia ni dolores de prospecto, esa que no se presenta como una belleza de Perogrullo, belleza no tan belleza, libre de sintéticos y siliconas, una belleza sin sorpresa, un poco rota, a veces insulsa, belleza lavada, desteñida, la que para algunos resulta horrible nos parece particularmente bella porque no es la belleza de todos, es esa, justo esa, la mía, la que yo quiero y nadie quiere o al menos no quieren todos, belleza debatida, liminar, de margen asimétrico y desprolijidad táctica, belleza grosera, silenciosa, muda, lenta pero nunca idiota, tal vez ordinaria, analfabeta, belleza como al decir alfalfa y sentir la cosquilla en el labio inferior como al pronunciar la palabra inferior, belleza superior y aún así desapercibida, sin pretensiones de ser una belleza única e irrepetible, que para qué vamos a escatimar con la belleza si al mundo no le sirve una belleza de elite.-
.
.
imagen de NNN.-

martes, 9 de septiembre de 2014

secreto

Quiero la verdad. Sé que en otro momento no hizo falta saber, pero ya ves, a esta altura es necesario conocer lo que hasta hoy no quisiste decir y por prudencia fingí que no importaba. Ahora tengo que ver. Basta de adivinanzas, de cambiar de tema con un comentario jocoso, de llevar la conversación a la meseta de tu seguridad clínica. Se terminaron los refugios y las concesiones. Ya no hay tiempo ni espacio para la tregua. Dame la verdad. Acabemos con la liturgia del misterio o dejemos que el secreto se devore las sobras.-
.
.
imagen extraída de aquí.-