viernes, 9 de abril de 2010
disparos de lucidez: #43
¿Por qué a la gente le resulta más facil decir "comisería" que "comisaría"?.-
jueves, 8 de abril de 2010
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Y en la vorágine de noticias que se repiten, logré reconocer en una foto de su fiesta de quince, esa cara que no admite confusión. Vestido blanco largo, sonrisa maquillada, compañeros de colegio, primerísimo primer plano de esos ojos enmarcados en el televisor, ojos de nada, de muda, de cuasi virgen, de adolescente pueblerina estudiante de Abogacía en la UBA, expresión de aburrimiento seguido de aburrimiento en cada una de las clases de Familia & Sucesiones, era ella, la violada y después ahorcada por un equis, librada al azar del desconcierto sobre los techos de una guarida en González Catán. Era ella, la mansa, la sin vicios, la sin ambiciones más que recibirse de abogada para volver a la casa de sus padres, allí donde todavía conservan un Torino que comienza a descascararse por las lluvias de una Santa Fe jamás tan húmeda. Ahora, inmortalizada en el disparo del flash en el informativo, la gente recordará su nombre durante un puñado de horas. En la tele ya comentan otro hecho de violencia, un proyecto de ley para mejorar la calidad alimenticia de los perros huérfanos y un nuevo conglomerado de propiedades que se hallaron en las plantas de aloe vera transgénico. Nada de ella, de una víctima que ya no es noticia y que pasará a formar parte de un cómputo que a fin de año, engordado y genérico, volverá a ser alarma pasajera en las páginas de un periódico que gusta de las estadísticas y los gráficos de torta. Del resto, de esos ojos y el nombre -lo recuerdo hace días, lo escribo en cuadernos y en asientos del subte y en paredes y lo pronuncio en vos alta para sentir que no soy tan culpable, tan víctima- no habrá ni una palabra, no de la que nunca dijo nada en clase, la que yo siempre miraba mientras se subía al 61 para volver a su monoambiente alquilado con dos amigas y una hermana sin nombre. Al cabo de un par de semanas, nadie ni en la Ciudad ni en Catán ni en Santa Fe se acordará del hecho, que será un rejunte de aire incómodo en la intimidad de los viajes de vacaciones en un Torino que se descascara.- .
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miércoles, 7 de abril de 2010
charlotte
Cabe la remota posibilidad de que hayamos barrido -tal vez sonámbulos, tal vez de porro- el fondo de esta impúdica piscina que es nuestra felicidad on sale por cierre definitivo. Y qué pasa si no hay nada más que esto. Si acaso las cosas no se ponen más interesantes, si lo que tenemos es lo exacto, lo que siempre habrá, la nuez moscada y el charlotte caliente por sobre el brownie con helado de la vida. Qué dirías si supieras que no habrá nada mejor, y que lo mejor -lo mejorcito, lo tan mínimo que es la gloria, y ahora lo vemos, qué chiquito es, mirá- no es suficiente. Puede que la felicidad no supere esta satisfacción de canario en celo. Cuesta imaginar qué te parece a vos, aunque me doy cuenta de que no te parezco tan genial como al principio, y es coherente: uno de los dos se alejó del perfecto maniquí que desde el principio fue nuestra alegría. Queda entonces un resabio del éxtasis supremo. Y qué decepción. Esperaba tanto de tantísimas cosas, y uno se viene a enterar de que no hay mucho más para ver en ese breve lapso entre el techo y el suelo. Al menos decime que hice lo que pude y que con otro hubiera sido peor. Yo te confieso que si no hay otras terrazas en donde colgarse a respirar, si esto es todo, hiciste de mi estadía un rincón de lo más ingenioso.-.
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lunes, 5 de abril de 2010
Harvard
O vos o la casa llena de gatos: ella dijo eso, con elocuencia y ternura pero sin el menor sentido de la oportunidad, y opté por privarme de su celo y simpatía a mansalva, al menos en los diez o veinte años que me quedaban por delante, en los que me dediqué con esmero y paciencia a formar un buen semillero de actrices jóvenes pero mediocres, modelos en pleno complejo de inferioridad y periodistas ninfómanas desinformadas informales. Tal como jamás lo hubiese imaginado, el tiempo nunca me reprochó que yo la hubiera cambiado por una cantera estable de mujeres con fines recreativos. Hasta que recordé su frase. O vos o la casa llena de gatos. Brillante. Y ella que seguro creyó que con eso me retendría. El tema es que un hombre no pretende acostarse con la joya de Harvard, para dar con el preciso concubinato se necesita poco más que un coeficiente intelectual superior a 140. Se requieren cosas que figuran en una lista de supermercado que a menudo pasan cerca mío pero que siempre pasan. No te llamaría sólo para festejar una frase ingeniosa que dijiste hace años, pero tampoco haría el intento por saber si en tu balcón hay lugar para mis colillas de cigarrillo mal apagados. Tal vez me arrepienta algún día. Por el momento, vos en tu casa llena de gatos siameses y yo en la mía con mis gatos de carmín prestado.-.
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domingo, 4 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
jueves, 1 de abril de 2010
disparos de lucidez: #42
No cierra mucho comer paella o salmón rosado a modo de sacrificio en el viernes santo.-
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