miércoles, 7 de abril de 2010

charlotte

Cabe la remota posibilidad de que hayamos barrido -tal vez sonámbulos, tal vez de porro- el fondo de esta impúdica piscina que es nuestra felicidad on sale por cierre definitivo. Y qué pasa si no hay nada más que esto. Si acaso las cosas no se ponen más interesantes, si lo que tenemos es lo exacto, lo que siempre habrá, la nuez moscada y el charlotte caliente por sobre el brownie con helado de la vida. Qué dirías si supieras que no habrá nada mejor, y que lo mejor -lo mejorcito, lo tan mínimo que es la gloria, y ahora lo vemos, qué chiquito es, mirá- no es suficiente. Puede que la felicidad no supere esta satisfacción de canario en celo. Cuesta imaginar qué te parece a vos, aunque me doy cuenta de que no te parezco tan genial como al principio, y es coherente: uno de los dos se alejó del perfecto maniquí que desde el principio fue nuestra alegría. Queda entonces un resabio del éxtasis supremo. Y qué decepción. Esperaba tanto de tantísimas cosas, y uno se viene a enterar de que no hay mucho más para ver en ese breve lapso entre el techo y el suelo. Al menos decime que hice lo que pude y que con otro hubiera sido peor. Yo te confieso que si no hay otras terrazas en donde colgarse a respirar, si esto es todo, hiciste de mi estadía un rincón de lo más ingenioso.-
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(imágenes pegadas, extraídas de aquí)

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