De verdad: me ne frega no estar en tu blogroll mental.
OK. Mentí.-
jueves, 6 de mayo de 2010
disparos de lucidez: #51
Si hay un profesor abusador de menores en el colegio, siempre es el de música.
Por qué.-
Por qué.-
miércoles, 5 de mayo de 2010
mentol
Supongo que si volvieras a llamarme -al menos para decirme feliz cumpleaños- este asunto del ir y venir perdería un poco de sentido. Pensémoslo así: llamarías, yo clavaría la vista en la sorpresa del celular, diría hola, cómo estás, y vos que bien, muy bien, feliz cumpleaños, y yo que gracias, aunque fue hace un mes y medio, sí, la familia bien, el alzheimer de la abuela bien, el trabajo bien aunque me echaron, todo bien, "todo lindo", y vos que lo mismo pero todavía con tu empleo bien remunerado y sin alzheimer de la abuela porque no tenés abuelas, y al final que chau, gracias por llamar, y vos que no, perdón por la demora, igual de nada por el llamado, y listo, y al final el silencio, y vos con tu celular y yo con el mío en la mano, todavía un poco estúpido, y será hasta el año que viene, o en el mejor de los casos hasta tu cumpleaños si yo me acuerdo y me parece una buena idea recordarte y darlo a entender, de todas formas voy a buscar las pastillas de mentol en los bolsillos del saco, y nada más, y ya está. Entonces, por un lado es bueno que no llames así yo puedo seguir escribiendo mal de vos. No llames, perra. Ahí va, ya estoy volviendo a escribir. Empiezo a darle sentido a la tensión de nuestro no-diálogo. ¿Ves? Hablando la gente se entiende. Igual, dejate de joder y llamame.-.
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domingo, 2 de mayo de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
figuritas
Vengo de pérdida y de velo negro. Vengo y acompaño lo que viene: otra vez el tabaco rancio de los días, las cápsulas del Prozac genérico y el invierno con un polvillo que cada vez me da más alergia. Viene la abuela, pero se va sin saludar. Y vienen los perfumes berretas con la gente berreta, las monedas de cinco centavos y el gusto a papel film en las comidas del delivery. Viene el colectivo, pero pasa de largo. Todo pasa de largo, y pensar que todo lo malo algún día pasa es una simplificación de jardín de infantes. Entonces me privo. Viene la esencia de estas mismas chucherías, el instinto nadie nunca nada, suerte de asco a lo positivo. Pero no me complace. No lo disfruto. Porque también llega la fiebre, las palomas en la ventana y los pibes del barrio que le tiran piedras al Sarmiento. Vienen vagones que vomitan gente, los vómitos de sangre cuando ya no queda ni la bilis de la propia decencia, mis manos entrecruzadas en la nuca, los delirios a las seis y media de la mañana y una nostalgia recurrente que me torna una mejor persona, sincero pero miserable. Será el pánico. Debe ser. O el llamado de alarma, un teléfono, campanas, la pava que hierve o el grito del tren que viene de frente y que ya barre hasta las pocas figuritas repetidas que me quedan en los bolsillos.- .
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