miércoles, 27 de enero de 2010

arroces

Quiero saber cómo estás. En este ultimo tiempo me comporté como un idiota, es verdad, pero deberías entenderme. Deberías. Siempre me acuerdo de vos y tus arroces. Qué sentido tiene que te lo diga ahora: no sé. Pero quería decirlo porque cada tanto paso por tu casa, te imagino en la puerta, comprando pan a la vuelta de tu casa, con la idea de que todavía sientas que no hiciste lo correcto cuando me dijiste que lo mejor era que yo no te quisiera. Y te quise. Y vos un poco me quisiste, pero dijiste poco. Dijiste yo no te voy a hacer bien. Tantas mujeres tantas veces mintieron con lo mismo que yo no te creí, y al final, me hiciste bien. Y no te reproché nada. No digas que no te avisé, me anticipaste. Y sonreí. Vos tenías una muy linda sonrisa. Tal vez aún la tengas, seguro. Vos y yo en verdad íbamos muy bien. Siempre recuerdo que van a dolerme tus hijos sin mis hijos; ya me dolieron cuando nos alejamos. Prefiero pensar que nos equivocamos de tiempo y que dio la mala casualidad un triste contexto para nuestro afecto desarreglado. Alguien llegó tarde, otro se presentó temprano. Pero al fin y al cabo dicen que nunca es tarde. Aunque vos y yo sabemos que eso es una gran mentira.-
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(imagen extraída de aquí)

3 comentarios:

Noesperesnada dijo...

Hay tiempos que llegan destiempo y se el amor no alcanza para acercarlos...

Mariana dijo...

tan a destiempo no ha sido aquello que nos ha hecho bien.
besos al compás :)

Soy peregrinaperla dijo...

nunca es tarde: es una mentira?
saludos, señor,