miércoles, 8 de abril de 2009

piacere

Vos debés creer que soy un boludo, pero un boludo con actitud reveladora: un boludo que se te presenta distinguido, boludo refinado, de saco y corbata, de monóculo y porvenir, boludo que invita a pasar, boludo de colección, boludo para armar y desarmar a piacere, a cualquier hora y momento del día. Un boludo al que acompañar a cenar, a tomar un café -aunque nunca tomemos café, y aunque yo igual siempre te lo pida con dos cucharaditas de azúcar, porque al fin y al cabo soy un boludo-, a coger, a conversar, a besar en la boca, a jugar dominó, un boludo a quien dominar y que se deje dominar con la exactitud y el romanticismo que sólo un boludo como yo puede concretar. Un boludo con estilo, no hay chance de que así no sea. Más allá de la boludez habitual, de tu histeriqueo adolescente y de este lento y agonizante proceso de enamoramiento que dimos en llamar amistad, ya te quiero. Sí, pero te quise desde antes, incluso antes de saber tu nombre y quién eras, tus antecedentes, antes de todo eso, yo te había visto y te recordaba. Y me gustaste, cómo no, sos la mujer que un hombre machista como yo espera tener en la cabecera de su mesa redonda. Pero claro, todo sería perfecto si yo fuera un gentleman de metro ochenta y todo por perder, y no un boludo -gran boludo, boludo a medio madurar, boludo que te quiere y lo padece- adolescente y con todo por ganar. Además -boludo de mí-, las mesas redondas no tienen cabecera.-
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(imagen extraída de aquí)

3 comentarios:

Soy peregrinaperla dijo...

Hay que ser muy valiente para querer a un señor boludo. Pero eso es lo de menos. Sobran mujeres valientes. El tema es que sea un señor y no un niño.

Unknown dijo...

Quisiera saber quien te hace llamarte boludo tantas veces... es que por fin alguien alquiló todas las habitaciones de tu corazon??

Soy peregrinaperla dijo...

Estoy autocensurando un comentario malicioso. No me dejes escribirlo, Bauti.