miércoles, 3 de marzo de 2010

décimo

A mí no me engaña la mística de tus pechos de risita bordó: el zócalo de fantasía que hace degradé hasta morir en un punto. Hablo de tus pechos de lírica abstracta, de ningún perfume y de gusto a pechos, porque son pechos y así está bien, cuando hablo de tus pechos quiero referirme a tus pechos, un lugar que mi capricho imagina propio y que tus intenciones -desencontradas con las mías- estimarán de algún otro, de cualquiera o de fábula con siesta con algún escritor mediocre. Por favor, que ese cualquiera no escriba, o que no lo haga mejor que yo. Que no te diga que me conoce, no le digas que me conocés y que tus pechos tampoco lo digan ni dejes que interfieran en ese diálogo descarado sobre un tercero que vendría a ser yo, que más que tercero soy un octavo, un noveno, un décimo con el que compartís el cuarto de a ratos, cuando te place y cuando accedo y accedo siempre. Que tus pechos no se den cuenta del manoseo ajeno. Que tus pechos sonrían de felpa cuando se encuentren con mi boca inequívoca.-
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(imagen extraída de aquí)

1 comentario:

ceci dijo...

Me gusta tu escritura, porla potencia de sus imágemes, por la textura de las palabras y por que siempre la habla a alguien y tengo la sensación de que los estoy espiando