jueves, 4 de noviembre de 2010

haiga

Cuando llega el celo yo ladro, muerdo, desgarro almohadones y hasta levanto el teléfono para rescatar del pozo ciego -que es el olvido- a alguna bienaventurada yunta malintencionada. Entonces marco un desprolijo número telefónico, a ciegas y con los dedos torpes y desorbitados, porque cuando llega el celo soy una bestia jadeante, que se tambalea en puntas de pie, busca y se arrastra y lleva consigo todo lo que haya en el paso, sea perro, porro, porra. Cada vez que baja sobre mi cabeza el rocío del celo salvaje, aprovecho y te engaño con cualquiera, tan solo para no pedirte de más, no ponerte ni en compromiso ni de mal humor, cada vez que a mí me llega el celo y vos todavía de resaca. Me voy con otra, con la que venga, con la que haiga, cosa de que nunca te enteres del genuino y desesperado celo de este animal en jogging y pantuflas. Cuando pasa el celo -quizá lo hayas notado-, soy brutalmente honesto. Por eso mismo no digo nada, tengo amor propio y dimensión del peligro de serte franco, así que agradecería que no hicieras preguntas, y mucho menos fuerces respuestas que no plantearías en otro momento. Pasado el celo y sus derivados, puede que cierre lo ojos. Seguro voy a tener hambre o me sienta lo bastante cansado como para dormir de cara a la pared.-
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(imagen extraída de aquí)

3 comentarios:

xeas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
xeas dijo...

Tenga cuidado con la audacia mi compañero, el celo raramente llegue sólo a una parte de la relación.
Y si sus impulsos lo llevan a otros cuerpos, tal vez más que celo sea temor a la cotideneidad, a la costumbre, al siempre igual. ¿No que sí?

Esquivando el éxito dijo...

Como cada vez que me meto a este blog, encuentro líneas hermosas y profundas.
Es una lástima que hace mucho no vea a su autor, gran persona al igual que sus palabras.
Le mando un abrazo gigante y muchos éxitos.
Recuerde pasar a saludar y meterse en otro laberinto de letras y editoriales en esperandoelalba.blogspot.com
Lo saluda, Matías Alba