lunes, 14 de septiembre de 2009

aliento

Detrás de la puerta blindada, hay un hogar al que los vecinos aseguran que pertenezco. Hay también una mesa con dos platos de fideos con pesto, un centro de mesa con flores que traje hace una semana, un sillón con una pata floja, un televisor clavado en el nueve, la ventana que de a ratos se abre y un perchero con un sombrero negro colgado. Detrás de esa misma puerta, está mi mujer, que seguro sonreirá cuando gire esta misma llave para luego gritar gorda, llegué. Junto a Ella, habrá una bestia jadeante de fiesta y baba y lengua, que vendrá a mi encuentro y tal vez, hasta salte a mis brazos, con la esperanza de que yo la acaricie. Esa es nuestra perrita, Gloria. Estoy frente a la puerta sin ganas de abrir por miedo a no reconocer ni el sombrero, ni el sillón ni el televisor ni la telenovela. Tengo un sobretodo en el brazo derecho, una carpeta en el izquierdo, un ambo puesto y la corbata floja. No quiero abrir porque no quiero oler el pesto, el perfume de ella y el aliento del perro. Me quedo quieto, no me atrevo a recibir todo el cariño de Gloria y Ella. Pero al fin, como cada noche, seguro abro, porque sino, Ella va a preocuparse y no quiero que llame a nadie para saber dónde puedo estar. Entonces giro la llave, gorda, llegué, dejo mis cosas y me recibe la bestia jadeante de alegría por verme, se tira en mis brazos, sus ojos piden afecto pero no quiero ni abrazarla, se mueve sobre mi pecho, parece sonreír, y a unos metros, lejos de la puerta y sobre el sillón de la pata floja, Gloria nos observa.-
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(imagen de nnn.-)

1 comentario:

Paloma dijo...

Lo peor son los segundos detrás de la puerta.