lunes, 7 de septiembre de 2009

fresca

El primer día de cada mes, a eso de las cinco de la mañana, dos camiones de caudales salen de San Nicolás y toman la ruta 188 para llegar a General Alvear: son dos metálicos cajones amarillos con cuatro ruedas, no van a más de 80 y hacen unos 803 kilómetros sobre un pavimento que hierve de sequía y descampado. A los costados, la nada se confunde con la nada, y en el aire siempre hay olor a pastizales y animales muertos. Pero ninguno de los cinco guardias de seguridad que van en cada camión de caudales se dan cuenta de esto. Los dos de adelante se marean con el perfume del Glade Toque; los tres de atrás, disfrutan del aroma del dinero ajeno, unos ochocientos mil dólares por caja. A veces toman mate, paran a mear en Villegas o en alguna estación de servicio para comprar comida, y cambian de posiciones para aburrirse menos. Si tienen suerte alguien se acuerda de llevar música, dados o algún libro. Sino, hablan de mujeres, hijos, fútbol: conversaciones que ya tuvieron pero que repiten por educación. Si no tienen suerte, una Chevy SS despintada y sin luces, detenida a un lado del camino, les pone unos miguelitos sobre el asfalto y desde adentro les tiran con armas largas. Si los vigilantes tienen mucha -muchísima- suerte, alguno zafa por hacerse el muerto, sobre la ruta desierta con olor a pólvora fresca y entre los disparos que nadie oye.-
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(imagen extraída de aquí)

3 comentarios:

Soy peregrinaperla dijo...

volvé a los desamores, Bautista.
Tienen más rating.

L. C. dijo...

A mi me gusto mas que las historias de amor. Muy buen post.

Li dijo...

Me encantó.