lunes, 18 de octubre de 2010

grandilocuentes

A T.P.
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Se me hace necesario volver al barro, al enchastre de los primeros días, la inundación que derivó en la desesperanza, la torpeza para quererte, los tropiezos que me inculcaron prudencia. Volver al barro para afilar las lanzas, perfilar el ojo, lamer la sangre reseca y no perder el rastro de la intención primera. Volver al barro es darse cuenta, y a esta altura, es inevitable. Me dejo caer en el barro para recuperar lo importante, sentir el hervor del compromiso social del violento oficio de escribir, hacerme cargo de la palabra, ser uno con la lírica fluida, edulcorar el ruido y pasar a un segundo plano, que en esto, es volverse una herramienta coherente y de servicio sin llegar a ser un siervo. Porque volver al barro implica almidonar un ego insaciable, meterlo en un corset, ajustar los hilos, peinar una bestia. Tengo fe en que volver al barro me hará un tanto más libre para no ser un tonto de libro, y para recorrer la génesis del cero absoluto. Volver al barro, querida, me torna mejor persona y me empuja a buscarte de la forma más sana, sin la agresividad de lo cotidiano, con las manos limpias y la boca cerrada, que para hablar y hacer grandilocuentes aportes, estará el resto de tus amantes: yo me conformo con dejarte un instante que tu sonrisa recuerde.-
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(Imagen de NNN.-)

4 comentarios:

Mariana dijo...

no te conformás con poco, cuando de una MUJER se trata.
Se trata de una MUJER, verdad? ;)
Esa explicación poética, me gusta.

Nadie Nunca Nada dijo...

siempre se trata de una mujer.
Es más, de alguna forma, siempre se trata de la misma mujer.
Beso, gracias.-

Mariana dijo...

Eso decía le amigo Freud...pero Lacan le dio unas vueltas, por eso mi pregunta.
;)

Gabriel Sastre dijo...

A veces se trata del Fuego. Quienes lo vemos , lo sabemos.