Tu nombre en la puerta y entonces compro una entrada, como la primera noche en que te vi medio picadita y así y todo, saqué boleto y me subí a tu trencito de la alegría que terminó por descarrilar. ¿Una sola entrada? pregunta el metro cincuenta del acomodador, haciendo énfasis en la palabra "sola", y le miento con un sí, una sola entrada, desde que falleció mi novia y toda mi familia que ando solo y borracho por calle Corrientes, y entonces ya no tuvo más ganas de hacer preguntas pelotudas. Veinte minutos después, vos y el escenario: en el tiempo en que estuvimos juntos, siempre había prometido que iría a verte actuar, pero nunca terminé de tener ganas. Me arrepiento de no haberlo hecho. De corazón, si por esas cosas geniales que tiene la vida, volvés a saber de mí, me arrepiento de eso. Te lo diría ahora pero para qué: estás allá arriba dando un gran show, y me alegra ver que tu delirio de llegar a ser una gran actriz, al final, se concretó con esfuerzo y puntualidad. Por el momento, yo soy un boludo con vista al pulmón de manzana, un venido a menos, un sin refugio, cansado. Ey, terminó la obra. Quiero más pero acá no gritan bis. Los hombres aplauden de pie: ¿cuántos de estos tipos te habrán visto desnuda? Dejá, no quiero saberlo, ya fue, no me lo digas, así estamos bien, siempre lo mismo con vos, eh...-.
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(imagen extraída de aquí)

1 comentarios:
Gracias Natalio Negra Noche. Te quiero hacer una propuesta decente, medio en el aire aun igual. Te la mando al mail que figura en pantalla.
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