martes, 1 de diciembre de 2009

777

Yo era feliz hasta que llegaste. Tenía un perro, almuerzos frente al río, una mujer preciosa y compañera, con películas los fines de semana, un auto cinco puertas, el ticket del estacionamiento, fecha de casamiento, de apareamiento, de vencimiento. Pero tu rubia histeria con volados de intelectual volvió a copar -uno a uno, muy de a poco- los cajones de mi fiel paciencia cotidiana, de la cordura monogámica que alquilé desde adolescente y que procuré conservar hasta que se te ocurriera retomar las negociaciones con mi nostalgia. Una vez más, el fracaso. Siempre le mojaste la oreja a mi emoción infantil, y es por eso que sos una auténtica hija de puta, porque ahora que me ves bien -se te ve muy bien, dijiste-, se te antoja estrellar tu Boeing 777 contra mi muralla de piecitas del yenga. Tu ánimo goleador es tan obsceno como elocuente, y tenés muy claro que jamás me atreví a descuidarte. Pero todo este tiempo te cuidó otro, me desentendí de tu fobia por quedarte sola, y ahora me buscás con preguntas que sólo apuntan a contarme lo triste que te sentís, lo feo que es encargar comida para uno. Y ahora que yo estoy tan contento y estable y feliz -que estaba tan feliz-, ya pienso en cómo dormir con Ella sin que se entere de que tu fantasma kamikaze viene cayendo del cielo raso para saltar a oscuras en nuestra cama king size.-
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(imagen extraída de aquí)

3 comentarios:

Marina dijo...

veo que sigue escribiendo con mucho estilo! salut!

Soy peregrinaperla dijo...

un clásico, NNN.

mi otro yo dijo...

Hola!
También era feliz hasta ayer.

En fin te leo en twitter, saludos!