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Qué lindo es votar en familia. Y con todo esto del dengue, la gripe porcina y el frío cuasi-nórdico, elegir a nuestros representantes se convirtió, sin exagerar, en una tarea de riesgo. La campaña apocalíptica –aún más eficiente que la política- ha dado resultado, y aconsejan ir a votar con barbijo, no tocar las listas, no saludar gente ni dar abrazos ni mirar novias ajenas ni jugar con el fal de los gendarmes. Todo es peligroso, nocivo, perjudicial. Pero a votar, hay que ir, cómo no vas a hacerlo, si es derecho y deber, y de paso se vuelve al barrio, al almacén, a la escuela pública para comprobar que todo está igual que la votación anterior y que hace cinco, diez, veinte años atrás, en que caías tarde al aula con el delantal blanco. Qué lindo todo, qué lindo es votar en familia. Uno siempre se encuentra con alguien conocido que no ve hace mucho, y habla de cualquier cosa menos de política porque hay veda, no se puede ni tomar alcohol ni decir Kirchn…, Michet…, Stolb…, pino sí podés decir, porque un pino es un árbol y además, podemos hablar de cualquier otra cosa, qué se yo, de Michael Jackson, qué pena que se murió, bailaba tan bien, y viste que ahora la muerte está como de moda, hay un efecto dominó, se está muriendo gente que no se murió nunca –ni volverá a hacerlo-, y muere gente por el dengue, la gripe porcina, ¿Vos no usás barbijo? Se mueren porque hay pandemia, plaga, plaga de imitadores de Michael Jackson, hay tributos por doquier, este fin de semana escuché Thriller en la radio más veces que la pregunta “¿A quién vas a votar?”, ¿A quien votaste? Estamos en veda, es cierto, perdón. ¿Tu familia bien? Regio, regio. Sí, mandá saludos. Qué lindo es votar en familia.-
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(imagen extraída de aquí)